
Dos cuerpos, un poco sudados
y una violencia tan tierna.
Fueron los golpes de tus besos
lo que nos llevaron a mi cama,
y lo que me mantiene perdido,
locamente, atrapado en tu mirada.
Has dejado todo en el piso de mi cuarto:
tu ropa, tus penas, tu cadena.
Y yo he aprendido de ti:
tus lunares, tus tatuajes, tus venas.
Hay una palabra para tal acto,
ese acto que nos hace comportarnos como salvajes,
comernos, exponernos
Me tomas y me tomas.
Eres un animal sin nombre,
que Dios bendijo esta noche.
Porque El estaba presente
mientras gritabas mi nombre,
“¡Oh Dios, Ares, me lo haces bien rico!”
Y sí, estuvo rico.